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Shows | Lun, 5 de Nov de 2007

Callejeros Un grito callejero


Fecha: 3 de noviembre de 2007 – Anfiteatro Municipal

Desde muy temprano una multitud de rollingas merodeaban el Parque Urquiza en lo que, seguramente, sería una de las previas más esperadas para muchos de los seguidores de la banda de Villa Celina. Las cervezas desfilaron mientras el control policial permitió la ingesta, y decenas de banderas adornaban la ventosa tarde.
El ingreso se hizo ordenadamente luego de un riguroso cacheo policial y el lugar se siguió poblando hasta apenas unos minutos antes de que comience el show.
Cuando faltaban 20 minutos para las ocho de la noche, la banda liderada por Patricio Santos Fontanet apareció en escena. Un enganchado de cuatro temas sin mediar palabra alguna, enloquecieron a la multitud que colmó el anfiteatro. “Cristal”, “La llave”, “Sé que no sé” y “Parte menor” fueron la introducción a lo que sería una verdadera fiesta rocanrolera.
“Buenas noches Rosario” fue la única frase del cantante, para luego seguir con el primer tema viejo: “Los invisibles”, y posteriormente presentar a la primera invitada de la noche, Estela Carbone, a bailar “Tiempo de estar”.
A esta altura, el sonido recién se fue ajustando y los acoples esporádicos comenzaron a mermar. Las luces estuvieron acordes a la ocasión y sumergían cada canción en un mar de sensaciones junto a las incontables pantallas de celulares que fue lo único que se encendió durante las casi tres horas de recital.
“Prohibido” fue recibido con calidez pero no con el fervor con el que sí gritaron “Una nueva noche fría”, algo extraño en un hit de esta magnitud. Tal vez por rechazo a ese tema que suena asiduamente en la radio y que nunca termina de convencer a los fans más antiguos de cualquier banda de rock. Sin embargo, sí lo festejaron los adolescentes menores de 16 años que se acercaron en masa y recién se están insertando en el mundo de la actitud.
Hasta acá, los músicos parecían decaídos. Hace un tiempo declararon que ya no disfrutan de los shows y eso, al principio, se notó. Pero el ánimo fue cambiando paulatinamente y las sonrisas comenzaron a florecer, estimulados por la excelente reacción del público que no dejó canción sin entonar. Por eso, con “Presión”, las voces del Pato y sus seguidores se unieron fuertemente para que las familias y caminantes que paseaban por la zona se enterasen de que ahí tocaba Callejeros.

Otro puntos altos de la actuación fueron “Puede”, “Ojalá se los lleve”, “9 de Julio” y “Sed” aunque verdaderamente no se puede hablar de contrapuntos porque todos los temas despertaron vehemente interés en las casi cinco mil almas que desbordaron el Humberto de Nito. El único que aminoró la algarabía fue un tema nuevo de nombre “Siempre un poco más” que seguramente formará parte de su futuro cd, esperado para los primeros meses de 2008.
La organización fue muy correcta y quienes se encargaron del control tuvieron muy poco trabajo ante el comportamiento ejemplar del público, salvo por un par de detenidos (uno de los cuales intentaba incesantemente coimear a los policías para que no se lo lleven... paradójico, ¿no?) que fueron expulsados del lugar.
La noche contó con varios invitados, entre ellos Pancho Chévez que subió a tocar la harmónica en “Vicioso, jugador y mujeriego”, Leandro González (guitarrista de Vagantes Nocturnos) en “Sin paciencia” y los vientos de Dancing Mood que alternaron durante todo el recital y se lucieron con un solo individual en “Canciones y almas”.
Para el final, y completando una lista de 28 temas, quedaron “Señales”, “Sonando”, “Si me cansé” (probablemente el más festejado), para despedirse con otro clásico de los viejos: “Imposible”. Mientras todos los integrantes hacían reverencias anunciado el cierre, el público todavía tenía ganas de más y cantando a capella “Callejero de Boedo” comenzaron a retirarse.
Sus letras son directas. Repasan historias y tienen esas frases que le dan un toque personal y diferenciador a sus composiciones y que se traducen quizás como lo esencial de Callejeros. Más allá de los gustos musicales de cada uno y las controversias que genera este estilo en particular, es innegable que saben vender y seducir a un público cada vez más heterogéneo. Muchos podrán criticar su contenido musical, pero está claro que no es fácil convertir tantos temas en hits. Y en eso son inteligentes, como otras bandas del estilo pero potenciado.
La terrible tragedia que los envolvió hace casi tres años les produjo el mayor dolor de sus vidas, incurable e irremediable, pero a pesar de esto no se les puede quitar el derecho que tiene cualquier ciudadano libre que es el del trabajo, al menos hasta que la causa se resuelva. Por eso, los bonaerenses seguirán sonando y todos aquellos que se calzaron la remera con la inscripción “Basta de culpar a Callejeros” -que no fueron pocos- continuarán exponiendo sus ideas sobre quienes deben ser juzgados y hacerse responsables de lo que ocurrió el 30 de diciembre de 2004.
El rock se equivocó y pagó. Pero ya es tiempo de darse cuenta que no hace falta manchar aún más la historia.

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