Registrarme
Shows | Lun, 17 de Dic de 2007

La Renga Hablando de grandes...


Fecha: 15 de diciembre de 2007 – Parque Alem

No hay una fórmula precisa para conseguir el éxito. Más si se tiene en cuenta que los caminos son variados y que las interpretaciones de un triunfo dependen casi exclusivamente de una propia personalidad.
Pero si tomamos el ejemplo de La Renga, que logró captar la atención de un grupo de gente con letras significativas y con una potencia arrolladora en su música, tal vez estemos en presencia del mejor modo de expresar un movimiento efectivo.
Es que las más de 15.000 personas que coparon el Camping Municipal del parque Alem son una clara prueba de que la banda se apoderó de un distintivo propio como nadie lo ha hecho desde la aparición de Los Redondos. Banderas de todo el país, colectivos en zona de piletas, remeras de varios tipos y colores (pero con la inscripción infaltable) y un ritual que cobra fuerza con cada show; ése que dice: “Una bandera que diga Che Guevara, un par de rocanroles y un porro pa´fumá…”, y donde se vive la previa de un show que será seguramente parecido a otros, pero distinto al resto.
Mientras la arena empezaba a poblarse, Fluido y Vudú descargaban sus temas para apaciguar la espera. Arena, río, césped, y un lugar completamente distinto a lo habitual se preparaban para un show que de movida contaba con la incógnita del sonido, con el antecedente que significó la fecha en el Autódromo de Buenos Aires. Un escenario imponente, con la línea de cabezales de Chizzo, las cajas de Tete y los platos de Tanque luciendo delante de un decorado que ocupaba cada rincón de la estructura, y dos pantallas gigantes sobre los laterales, preveían un recital intenso, de primer nivel.
Cuando las luces se esfumaron, “Almohada de piedra” se apoderó de la calma y el grupo apareció sobre el escenario sonando increíblemente bien. Un arranque con toda la agresiva potencia que caracteriza el estilo renguero: “A tu lado”, “El monstruo que crece” y “En el baldío” se sucedieron en una lista que prometía mucho.

Si bien la excusa era presentar Tuenotierra, no podían faltar los clásicos para hacer delirar a todos. Entre “Mujer de caleidoscopio”, “Ruta 40” y “Cualquier historia”, pasaron “Lo frágil de la locura”, “El ojo del huracán”, “Voy a bailar a la nave del olvido” y “Triste canción de amor” (quizá el más cantado por el público).
La intensidad no decayó nunca durante todo el recital, que superó –con comodidad– las dos horas de duración. Desde aquella última presentación en 2004 hasta hoy, mucho ocurrió. Aunque el grupo anduvo tocando por distintos lugares del país, estos tres años de espera motivaron que la gente viviera cada tema como algo propio, como algo que necesitaba. Los aplausos, las ovaciones, los rostros y, sobre todo, la música; la conjugación pareció perfecta como para hacer que la noche del sábado se transforme en inolvidable. De esas que cuando se vuelve a pasar por el lugar, con alguien que “no estuvo ahí”, se dice: “Mirá, acá tocó La Renga. Me acuerdo de ese show, fue el mejor que vi del grupo”. Eso, por lo menos hasta hoy, claro.
Los incendiarios solos de Chizzo (que pasan de vibrantes a sensibles con una facilidad muy dotada de su personalidad), la histriónicas corridas infaltables de Tete, los portentosos pases de Tanque, el infaltable (e importante) aporte de Manu y Chiffo, son marca registrada de un grupo que se ganó el mote de grande gracias a sus canciones, sus letras y, por encima de otras cosas, también gracias al vivo sobre el que trabajan en cada detalle.
El final llegaría con un gran homenaje a Pappo (“Viva Pappo”), “El final es en donde partí” y “La razón que te demora”, para delirio del público. Luces, aplausos y amague de despedida. Muchos, ante el correr de los minutos sin músicos en escena, enfilaron hacia la puerta. Pasaba el tiempo y nadie sabía si la historia seguía o no.
Pero ahí estaban ellos de nuevo, con “El revelde” y un último aliento para que las gargantas cantaran casi a gritos y taparan la áspera voz del líder de La Renga, en “Oscuro diamante” y “Hablando de la libertad”; el final de una gran lista que pasó por lo más importante de su discografía y dejó contentos a quienes coparon la “playa”.
Hay algo que está más que claro: La Renga es la banda de rock nacional. Alguno podrá cuestionarlo, otros aprobarlo y para cierto sector será indiferente. Pero nadie puede discutir la calidad de sus shows, la –sanamente– envidiable producción que tiene el grupo, la amplia convocatoria a nivel nacional (y el mencionado ritual que esto genera); y por supuesto, y con todo lo que significa, la evidencia de que es el resultado de lo obtenido con su música. De modo conciso, así, con una marca registrada a nivel sonido que los puso en un lugar de privilegio y del cual el rock (nacional) siempre necesitó fieles exponentes.


  • Comentá usando facebook ()
  • Comentá usando RR (0)
Usuarios a los que les gusta el artículo