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Shows | Mar, 15 de Dic de 2015

Histórico concierto de Farolitos en Rosario

Domingo 13 de diciembre de 2015 - Estadio Central Córdoba

Resistir desde el arte, desde la cultura. Pero no desde la cómoda visión del águila que observa todo desde lo alto y se queda en la cultura de la queja. Esta resistencia sale a la cancha todos los días. Mete los pies en el barro. Y usa al rock como punta de lanza. Poesías suburbanas y rock and roll. Melodías de barro. Nos referimos a los locales de Farolitos. La banda concretó un recital histórico en el Gabino Sosa, estadio de Central Córdoba, presentándose ante una multitud su reciente material “Fin zona urbana”.

Los motivos para encontrarse con su gente fueron dos: festejar los catorce años de nacimiento y la presentación en sociedad de su último trabajo en estudio. No fue una fiesta cualquiera porque era la primera vez que una banda local y del interior se presentaba en un estadio abierto. El último (y único) antecedente data de 1999 con La Renga revolucionando pleno Barrio Tablada.

Sin dudas esto fue más que un concierto de rock and roll. El hecho de que figure el nombre de Farolitos en el evento no es poca cosa. Es conocida su historia y militancia que vienen cargando desde los duros tiempos del 2000. Su principal bandera de lucha era (y es) reivindicar los sectores más populares (reflejados en sus letras de sus primeras canciones) y, por sobre todo, por la supervivencias de los clubes barriales. Quizás por eso siempre se mantuvieron alejados del circuito comercial y prefirieron poner el hombro en los clubes de la ciudad, basándose en la autogestión. Así fue a lo largo de su carrera hasta el día domingo en que consagraron este esfuerzo copando de seguidores el mítico estadio de Central Córdoba.

Vayamos a lo musical. Primero contar que contaron con la inoportuna suerte de las inclemencias climáticas: tuvieron que suspender el show del día sábado y pasar todo para el día posterior (con todo lo que eso implica). Para variar el domingo la lluvia también se presentó y debieron cortar casi sobre el final del concierto.

Disculpe las molestias, esto es una revolución. Arrancaron con “Melodía de barro”, (donde Bruno Acamfora aportó sus teclas), “Conciencia” (Matías Belmonte de Perro Suizo hizo lo suyo con su saxo), “Escasas horas”, “Indio” y la sensible “Zum” sonaron sin intervalos. Eran pasadas las nuevas y la gente ya colmaba cada rincón del Gabino Sosa.

Llegaron a mostrar todas sus nuevas canciones (solo una quedó fuera del set) y llegaron a repasar lo mejor de su repertorio. La gente, como siempre, acompañó en cada canción sin dejar de cantar y los más osados que nunca dejaron de revolear las banderas del aguante. Una postal de cada concierto de Los Farolitos.

“La republica de los niños”, “Seres”, “Quinto elemento” y “La flor” continuaron para intercalar canciones movidas con ritmos más tranquilos pero con el sello farolero, claro está. A esa altura el espíritu rockero de la banda sonaba a pleno. También hay que reconocer el laburo previo que hicieron para llegar a esa instancia. Se notó que perfeccionaron cada detalle (desde el sonido, iluminación y puesta en escena). Producto de la siempre autogestión, esta vez no quedó en duda de que no había nada que envidiar a las grandes productoras.

“Llegaste un día y trajiste poesía/hoy la vida con vos y el amor creciendo cada dia” reza la bellísima “Espejito de mi alma” que abrió el set acústico de la noche. Una muestra de lo que se encuentra en el nuevo disco donde se animaron, sin dejar de lado su lenguaje de lucha, a canciones más sensibles. “Días y flores” de Silvio Rodríguez (donde Eduardo Dezorzi, el bajista, toma el rol de cantante) sonó para conectar con la milonga-rockera “Un farolito” y desatar el delirio de la gente. Aquí se notó el gran aporte del gran músico que es Matías Belmonte con el saxofón. “Ole ole ole!” el  homenaje al club que le abrió sus puertas y que es cálido a sus afectos también se sumó a la lista de temas (aquí Ezequiel Salanitro, de Sikarios, aportó su voz y guitarra).

“La hormiga”, “Vengar la libertad” sumados al set de chacareras (con las violas de nylon) con “Puerto Tirol” y “El fuego que nos arrima”,  para bailar un poco al compás de las raíces nacionales.  Para esta altura, lamentablemente el agua asomaba en la ciudad y se anunciaba una posible suspensión que finalmente llegó. Tocaron para cerrar “Oración del remanso”, “1998” y “El club de la mistonga”.

Pintó esperanza. Así fue la pequeña revolución farolera en el corazón del estadio de Central Córdoba. Quizás ellos no pudieron disfrutar con la tranquilidad deseada. Pero que no duden de que la gente acompañó y valoró mucho el esfuerzo que realizaron. Desde el 2001, de la zona oeste rosarina, pasando por todas las situaciones y salvando clubes con sus rockandroles, hoy Farolitos puede festejar un presente bárbaro. Siguen y seguirán siendo los mejores cronistas de las injusticias pasadas y de las que faltan sanar. Que ese vehículo no se detenga y ojalá sirva como punta pie inicial para que la autogestión ayude a que músicos y espectadores a seguir levantando las banderas de resistencia. Hoy más que nunca se necesitan luces como la de los faroles para iluminar los corazones desprevenidos.  

Los Farolitos. Los músicos dueños de estos rockandroles suburbanos fueron: Marcos Migoni (voz), Eduardo Dezorzi (bajo), Leonardo Vega y Martín Jáuregui  (en guitarras y coros), Ariel Ciccaneli (batería) y Lisando Hedin (percusión). Músicos invitados: Matias Belmonte (saxo), Ezequiel Salanitro (guitarra), HuaHui Basualdo (en coros y que tuvo su bello momento solista) y Bruno Acanfora (teclados) entre tantos que colaboraron con la organización.

Escrito por:
José Luis Morelli
Hombre, 28 años
Fotos por:
Cecilia Córdoba
Mujer, 32 años
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