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Shows | Lun, 21 de Dic de 2015

Formidable show de David Gilmour en Argentina

Inenarrable.

Es difícil encontrar un adjetivo calificativo para resumir lo que fue la ansiada visita de la voz y guitarra de Pink Floyd. David Gilmour visitó nuestro país en el marco de la gira “Rattle that lock”, su flamante material discográfico. Fueron muchos años de espera. Y fueron años de delirar en la cabeza de muchos, cómo sería presenciar un show de semejante músico. De la fantasía a la realidad. Del deseo al hecho. Los miles de fanáticos que asistieron lo comprobaron: ver a Gilmour en vivo es un acontecimiento único e irrepetible. Veamos qué pasó.

Contextualicemos. David Gilmour nunca había visitado nuestro país. Era la gran deuda en visitas internacionales. Todo rockero o melómano sabe quién es pero aclaremos por las dudas. Fue integrante de Pink Floyd, reemplazando a un diamante único como Syd Barret. Su aporte y trabajo en conjunto con Waters, Richard Wright y Nick Mason dieron vuelta la historia de la música editando discos como “The dark side of the moon” (por citar solo un ejemplo). Pero continuemos diciendo que Floyd no es solo ese disco. Antes marcó la etapa psicodélica en Inglaterra con la guitarra y el delirio de Barret (con “Piper at the Gates of dawn”, 1967). Luego, ya con Gilmour en guitarra solista impresionaron al mundo de la música con discos como “A saucerful of secret” (1968, aquí comparte algunas composiciones con Syd) y el vivo de “Ummagumma”. Pero fue con “Atom heart mother” (1970) y “Meddle” (1971) donde despejaron dudas y se consagraron como una banda única y fundacional.

Ni hablar de lo que ocurrió después con “Dark Side...” (1973), “Wish you were here” (1975), “Animals” (1977) y “The Wall” (1979). Lo que vino después, no fue igual producto de las internas de la banda. “The Final Cut” parece un disco solista de Waters con Pink Floyd como banda  y lo mismo sucede con “A momentary lapse of Reason” y “Division bell” pero al revés: aportes de Gilmour con apoyo y trabajo de Wright y Mason (Aclaración: nadie discute que son excelentes discos también). Esa es la carrera de David y no todavía no se mencionó su brillante etapa solista. Su culminación fue con “Rattle that lock”, que es lo que vino a presentar.

En concierto. Su show comenzó nueve y media de la noche con los temas que abren el disco: “5 A.M”, su homónimo y “Faces of stone”. Una introducción celestial junto a suaves punteos que indicaban ante quién estábamos presente. Luego sonó esa radio que sintoniza algún dial hasta dar con una guitarra de doble encordado. Allí se despuntó “Wish you were here” para furor de la gente.

El escenario, como era de esperar, rememoraba al ya clásico círculo gigante que dispara luces e imágenes como en los históricos conciertos de Floyd. Todo estaba dado para una noche fantástica.

El primer homenaje vendría con el guitarrista tocando la Steel Guitar para rememorar a su viejo amigo Richard Wright con “A Boat Lies Waiting”. Un piano bellísimo y un juego de voces angelicales para dejarse emocionar con esa laguna flotante de notas. “Lo que perdí fue un océano”, describe su letra describiendo la partida de un notable músico.

“The Blue” del disco “On an Island” para seguir disfrutando de las estiradas y el wah wah de su inconfundible Strato negra. Del mismo álbum también sonó “Smile”. Luego más guiños para los clásicos: la poderosísima “Money” (donde el riff del bajo sacudió a todos) y una memorable versión de  “Us and Them” del "Dark side of the moon". Antes del intervalo sonó “High Hopes” del disco “Division bell”,  para volar con esa suite progresiva donde se lució soleando con la eléctrica y finalizando con una acústica mano a mano con un pianisiimo del resto de la banda.

Los músicos. Detrás de semejante instrumentista tienen que convivir músicos de gran nivel ya que son los grandes artífices de cada canción. El magnífico Phil Manzanera en guitarra, Guy Pratt en bajo (fue quien reemplazó a Waters en su momento), Jon Carin (también quien suele acompañar a Roger en sus giras) y Kevin Mcalea en teclados, Steven Distanislao en batería, Joao Mello en saxo, y los coros de Brian Chambers y Lucita Jules.

Seguir brillando. La segunda parte arrancó con la psicodélica “Astronomy Domine” para que Gilmour se luciera con el inconfundible sonido de la Telecaster y homenajear la primera etapa Floyd. Luego la culminante y exquisita versión de “Shine on you crazy diamond” que sobre el final el saxo de Mello se impuso para deleite de la canción. Lluvia de colores y luces por doquier en este momento (en realidad durante todo el concierto).

Un viejo tema de “Atom heart mother”: “Fat old sun”. Canción representativa de la época,  donde convivió una parte acústica y una furiosa, combinando solos y riff al mismo tiempo. Notable intervención del guitarrista en su momento eléctrico.

Para calmar un poco se mandaron una suite jazzera de la mano de “The girl in the yellow dress”, luciéndose los teclados y los yeites del saxo mientras se proyectó un clip animado. El flamante disco se completó con la hermosísima “In any Tongue”, (donde se lució nuevamente con resto de la banda), y “Today”.

Lentes de sol para ejecutar la violenta “Run like hell” e iluminar a todos con la música y ese tremendo riff de viola. Pero se acercaba el final. Sonó “Sorrow” para impresionar con los efectos de sus estiradas, deslices y efectos de guitarra. Y se acabó todo con el viaje por “Time/Breath (In the air)” y la épica “Comfortably Numb”. No había lugar para más. Finalmente ocurrió y se hizo realidad el acontecimiento. No cabían adjetivos que describieran los estados del alma o de las emociones post-show.

Momentáneo lapso. Su voz ronca para los viejos temas pero impecable para los nuevos. El apoyo de los coros que se encargaron de sostenerle las notas más difíciles, lo cual lograban un combo celestial. Sus estiradas, sus solos que calaban hasta la medula. Su cara de viejo feliz. Su banda. Los climas que generan. Todo es perfecto allí en el escenario y se escucha mejor en el otro lado. Sin dudas uno de los músico más talentosos de la historia. Por eso dejó a todos atónitos. Por eso valió la pena esperarlo. Verlo feliz tocando su guitarra como un aquel chico de pelo lacio de Pink Floyd. Algo impagable para los fanáticos.  Nadie, absolutamente nadie, olvidará ese momento de verlo en la pantalla cantando y tocando. Nadie olvidará el sonido de su guitarra.

Se hizo esperar mucho pero valió la pena esperar a uno de los mejores shows del año y, por qué no, de la década.

Escrito por:
José Luis Morelli
Hombre, 28 años
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